Codos

homenaje_codo

Hablo de codos,
porque los codos no tienen ojos,
tampoco los pies,
pero los pies huelen mal.

Los codos no mueren,
porque nunca han existido
son una ficción
que permite al brazo moverse en
múltiples direcciones,
como el cuello,
pero el cuello aguanta la cabeza,
ésta sí tiene ojos,
por lo tanto
el cuello muere y nace con cada ser humano existente.

Podemos hablar de codos
aún cuando están mutilados,
realizamos el discurso desde su ausencia,
precisamente como hacemos con la cabeza
cuando hablamos de los codos,
exactamente del rostro.

De hecho, nunca hablamos de la cabeza,
siempre hablamos del rostro,
porque el rostromira aún cuando eres ciego,
pero no invidente,
invidente es decirle a un ciego
constantemente que no ve,
es como llamar a un negro
chico de color,
pero los negros también tienen rostro.

El cuello no permite moverse al brazo,
pero si no existiese
lo más seguro
es que no hubiese cabeza
ni brazos,
tampoco codos,
de igual modo que si no tienes corazón,
aunque te pueden poner un marcapasos,
pero eso ya no es parte de ti,
como un tatuaje
o un tejano.

Y si eres ciego tocas para ver el mundo,
cambias un sentido por otro,
como si no te gusta tu rostro,
te operas la nariz,
claro, no cambias un sentido por otro,
a no ser que seas Neil Harbisson,
pero él
no es ciego,
ni negro.

Entonces el rostro
nos cuenta historias,
por eso lo fotografiamos,
aunque también fotografiamos
la comida
y los pies,
pero habitualmente
llevamos zapatos,
yo no me fotografío los pies,
no porque huelan mal,
sino porque uso zapatillas.

Sin embargo,
nunca fotografiamos codos,
porque no hablan de nosotros
y por supuesto porque
no tienen boca,
ni huelen,
no como los pies,
sino como la nariz.

Hacemos fotos,
pero no retratos,
ya que fotografiamos caras,
pero no identidades,
aunque fotografiamos tanto
que podríamos vivir
entre los bits de las cámaras,
pero no nos identificamos
con quienes habitan
en una pantalla.

Retratamos a la comida,
porque lo hacemos en su totalidad,
y no la maquillamos,
aunque usamos filtros de instagram,
pero no sabemos
si el rodaballo al pil-pil se identifica a si mismo,
aunque ya el difunto pez,
desmemoriado en vida,
no opina,
como aquellos primeros retratos de bebés.

Los codos no tienen escamas,
aunque tendrías que detenerte
a mirarlos de cerca,
pero uno nunca mira un codo,
porque ya he dicho,
es una ficción,
pero sí nos miramos a la cara,
porque tenemos los ojos,
y los ojos
son el reflejo del alma.

Es difícil fotografiar
el pil-pil sin rodaballo,
como una cara
sin cabeza o sin cuello,
pero no un hombre sin codo,
aunque forme parte de él.

Una rodilla es como un codo,
pero suele ir más tapada,
y está más cerca de los pies,
vivir sin rodillas es más cruel
aunque puedes pintar y escribir,
pero siempre parecerás
más bajo en tu silla de ruedas,
siempre cuando tengas dinero
para pagarla.

Las rodillas
tampoco interesan a nadie,
como los codos,
pero las ingles sí,
y ya sería más complicado
vivir sin ingles,
pero nunca se retrata,
por pudor dicen,
serán cuestiones
religiosas o filosóficas,
aunque si Eva fue hecha de
la costilla de adán,
no ha de ser más prohibida la espalda.

Tampoco hay muchos
retratos de espalda,
si se ve la cara hay más,
además la espalda es bonita,
lo dice la historia.

Aunque la historia no sea un ente
habla,
no como el rodaballo
que está muerto y no habla,
pero existe en la fotografía
para hablar del pil-pil y de comer,
como el codo,
el codo habla de muchas cosas,
sobretodo de las ausencias,
como los rostros,
los rostros hablan
de futuros muertos
como dijo García Álix.

Retratar muertos no es necrofilia,
pero era la moda hace mucho tiempo,
como ahora instagram,
pero no había filtros,
se retrataban para retenerlos en este mundo,
para crear una imagen de él,
aunque hablaban de su ausencia.

Daguerrotipos se llamaban
estas primeras técnicas,
las de los niños muertos,
es como conservar la habitación
de tu hijo cuando se ha ido,
aunque hoy en día
todo va más rápido y todo cambia,
hasta los rostros,
se substituyen por otros,
se operan, se maquillan
y hasta se retocan,
esto de pintar las caras ya se hacía
en los inicios de la fotografía.

Nos identificamos con las fotos,
también los negros,
pero no los rodaballos,
aunque sean mentira,
aunque nos operemos,
aunque finjamos,
pero no lo hacemos con los codos.

Los codos no existen,
no sé como decirlo,
pero el maquillaje es de verdad,
pinta y colorea, como los niños pequeños,
pero éstos vivos.

Creemos que somos esa imagen,
la del rostro encuadrado,
o mal encuadrado,
en esta construcción
interestelar de constelaciones fotográficas,
pero sólo nos representan
en las que hallamos nuestra cara,
como si el resto del cuerpo
no fuese parte de nosotros,
será que el codo no es el único
que sea una ficción.

 

Este texto corresponde a un proyecto que gira en torno a la metonimia en el retrato, que he retomando en estos días de calor.

 

Gracias a:
// todos los codos que se dejaron fotografiar // Pere Grimau

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2 comentarios en “Codos

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