Gradualmente

Escribimos trazos inconclusos de versos y huellas para dejar abierta la espiral entrópica del devenir de nuestros días, rascamos en papel de plata el pronombre que encabezará un soneto en madrugadas tristes bañadas con inmersiones infinitas a capítulos de series repuestas de los ochenta y anuncios de la teletienda, seguimos sin entusiasmo el cíclico recorrido que hace supurar el melanoma de queratina que vomita nuestra propia piel para recordarnos la fugacidad de las estaciones, de las mediciones en tiempos de cerveza y risas de terrazas abarrotas de veraneantes. Revolvemos el armario buscando metanfetamina en ambientadores desgastados para absorber el viento que circula entre aquella americana que nos pusimos para la boda de un pariente y recuperamos con el C14 de la memoria frases, consejos, brindis y recuerdas dulces de la más obsolescencia de los días en que aún éramos niños inmaduros. Recuperamos manchas como torpes abrazos, como frases a destiempo que hacen emerger una leve mota de polvo, convertida con el paso de los años en acantilados enfermizos de reproches sinsentido, de dagas en alerta esperando el momento oportuno para revolverse en nuestro vientre y salir encadenando frases con versos violados por los silencios.
En instantes imprecisos cambiamos la dioptría que vuelca el arcoiris en tonos infrarrojos y leds parpadeantes para autoafirmar nuestra belleza, así sedimentar cemento en los recuerdos y la verdad y volver translucida y gris la visión de nosotros mismos y autocomplacidos y ventrílocuos somos felices por los dictámenes de Coelho y Chopra, para germinar en el más árido desierto la clave de las emociones, el nutriente de los sentimientos y los sentidos. La lava y el estruendo ruido de las próximas conexiones neuronales recorren espitosas la fibra óptica que ha levantado la calle tres veces en el último mes y de repente desvanecen los sueños y pesadillas enfrascadas por imposiciones de memoria y un agudo do bemol niega la conciencia y la culpa y todo no es más que lagrimas de cristal golpeando los vértices de los escalones del segundo piso mientras recorres sin rumbo salas de espera y diagnósticos imprecisos.

 

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