La ciudad: un sistema social sin interacción

El humano vive anclado a la tierra pero aún más a si mismo, transforma la naturaleza para construir aquello que llamamos sociedad y diferenciarse del resto de los animales, así modifica al mundo y genera todo un tipo de leyes que le obligan a ser quien es, derechos y deberes que forman su vida, la economía, la iglesia y el ocio y con todo ello una retahíla de subdelegaciones ancladas en las ciudades, parcelas del ser en las que uno se posiciona en función a su clase. Pese a cualquier pensamiento occidentalista algo no tan lejano a las castas hindúes, estamentos aceptados por cada miembro que con orgullo juegan su rol en esta escalera social.

Cada peldaño tiene su nota, su color trasladado al mundo materialista vendría a ser tipologías de deportes, trabajos, ocio, terrenos del lenguaje, centros académicos, productos de consumo, medios de transportes, establecimientos, zonas en las que la comodidad de clase le permite vagar a cada ser a sus anchas por toda la variedad que le ampara su grado, mas con una dosis de soma y algo de mass medias inyectados al subconsciente para adquirir la pátina que forma nuestro orgullo de casta, perpetuando la estanqueidad con nuestro uso, evitando a toda costa que ninguna micropartícula se altere y oscile de la franja horizontal. Así sin vivir en la India nos encadenamos a relacionarnos de una manera horizontal impidiendo un flujo aleatorio con nuestros contemporáneos excluyendo de nuestras esferas competencias o pensamientos que creemos que no son nuestros, de tal modo que un bucle retroalimentado por todos va encasillando el pensamiento y la creación en un no flujo, por lo tanto, me pregunto si puede avanzar una sociedad que no se escucha entre ella, formada por el product manager de Danone y la cajera del super, por el carpintero que vive en un 3º C y los dueños de los locales de Pedralbes, si no dialogan, si no intercambian el pensamiento, si se estanca el avance de ideas que une los dos mundos, que es precisamente allí donde nace la ciudad en los nexos que se rozan, donde surge la interacción que cabalga al parecer en mundos paralelos, con lo cual habría que buscar esos nodos.

Una rutina en que se relacionasen las clases generaría un mayor progreso global debido a la interacción de ambas ya que supondría un conocimiento mutuo, por costumbre se conocería la situación ajena, las formas de hacer, los usos y las necesidades fuera de las gráficas hechas por sociólogos. Sin embargo vivimos en ciudades en las que poco a poco nos hemos ido desplazando en función al precio de la vivienda con todas sus asociaciones de estatus y prestigio, con toda la prolongación de clase que ha acabado generando barrios sin necesidad de pisar terrenos hostiles, de tal manera que ese cáncer que es la no relación genera una brecha difícil de unir, para ello deberíamos de tomar un referente en que la ubicación obligue a diferentes clases a formar parte del mismo espacio-entorno, así que partiremos de las colonias.

Las colonias son unas macrociudades consecuencias de la revolución textil en Catalunya, formadas por un conjunto de edificios ubicados cerca de un río. Las construcciones están formadas por viviendas donde residen los trabajadores de la fábrica que utiliza la energía hidráulica como recurso, además hay una serie de establecimientos como cine, iglesia, tiendas, escuelas, dispensarios, casino e innumerables actividades de ocio, todo ello en función a la colonia, e indudablemente existe y reluce la casa del propietario. Este complejo industrial se genera por una serie de motivos: en Barcelona se están gestando una serie de conflictos, prolifera la red ferroviaria catalana y se mejora la turbina hidroeléctrica. Es una situación en que la tecnología avanza pero para su uso precisa de una serie de recursos, en una primera instancia del agua de un río (principalmente el Ter y el Llobregat), con lo cual necesita desplazarse la fábrica allí, al moverse del centro donde se concentraba el trabajo que era anteriormente la ciudad de Barcelona, se va a necesitar que la mano de obra vaya cada día hasta su nueva ubicación, por lo tanto se deberá de facilitar hogares para foráneos, pero un hogar no será suficiente para establecer la vida, un hogar no serán las cuatros paredes de las casas sino toda la relación con sus compañeros fuera de la fábrica, su vida sumada a su labor en la industria textil. Pese a que llevan tras las espaladas una situación de precariedad laboral y rellenarán prácticamente todo su horario con horas de trabajo en la fábrica, dispondrán de un mínimo de tiempo de ocio. Las materias primas no tendrán inconveniente de llegar a la fábrica ni moverse como producto final ya que la existencia del ferrocarril permite su traslado, cosa no factible con el recurso agua. Sin embargo el movilizado personal, otro recurso para hacer posible la producción cuenta con la probabilidad de alteraciones debido a las corrientes sindicalistas que surgían en la época, para ello la construcción de todo lo necesario dentro de la colonia impide la obligación a salir fuera a buscar una hogaza de pan, un medicamento o un periódico, así que crean estas mini ciudades para optimizar el factor tiempo, otro recurso importante en relación a la ubicación del cine, de la Iglesia, la tienda y el campo de futbol. Ajeno a este mundo obrero el capitalista amo y señor de la fábrica dispone de una mansión en la zona donde pasa estancias puntuales y los fines de semana, en sus días laborables pasea por Barcelona donde reside. En un primer momento observamos en las colonias el mejor ejemplo de ciudad concentrada, mas no vemos la diversidad de clase, que si bien podría ser un ejemplo extrapolable, allí existe una clase: la obrera, una ciudad: la obrera, un mundo: el obrero, en el que absolutamente todo está hecho a medida, ojos y gusto del empresario, la ostentación de la catedral de Gaudí en la Colonia Güell es el vivo ejemplo de este hecho, el proletariado vive en la construcción de la clase alta, en la gloria y la ostentación arquitectónica sin ser preguntados a cerca de la comodidad de su producto, de la utilidad del mismo, sumándole que los dueños no pasan el tiempo mezclados entre la gente y con la gota que colma el vaso que no podemos denominar a una clase formada exclusivamente por un miembro controlador, una  polis que está más cercana a los castillos del medievo que a los barrios separados por clases de hoy en día.

Ante el fracaso de encontrar la comunión de la mezcla de clases en la ciudad que fueron las colonias podemos extraer ciertos conceptos que salen de la oscuridad de los altos techos de la ostentosidad de la Iglesia Güell. Se ubicaron las fábricas alrededor de los ríos, ya que necesitaban este recurso, se desplazó a la gente para llevar a la mano de obra que se necesitaba y gracias al ferrocarril (nueva tecnología)  proliferó en innumerables puntos de la geografía catalana, así que encontramos que la ubicación obligada a convivencia se produce cuando hay una necesidad que impera sobre todo lo demás y tenemos la tecnología necesaria para producirlo. Hoy en día encontrar casos a doquier donde incluir a todo el mundo en una parcela pequeña, es decir, construir macrociudades en las cuales las distintas clases se vean forzadas es complicado, mas bien encontramos casos contrarios, donde zonas empobrecidas se ven obligadas a emigrar a ciudades, donde hay economía y riqueza, y se genera un nuevo barrio que es una clase inferior. Otro aspecto que caracteriza a la sociedad es que la ubicación no se ve forzada debido a las nuevas tecnologías ya que tecnologías como Internet permiten trabajar desde cualquier punta del globo sin necesidad de estar ni si quiera en el mismo país. Así que la alternativa de recurso escaso y limitado que podemos encontrar hoy en día y signifique un impedimento para crecer o dicho de otra manera la obligación para concentrar a las personas en un mismo escenario es el terreno edificable en países limitados, como podría ser Japón y otras islas o ciudades en expansión rodeadas de agua, como Shangai.

Ciudades superpobladas con cantidades exorbitantes de población flotante en el que la inmigración de zonas rurales crece sin parar fagocita el poco terreno existente en la zona, cosa que ofrece pocas alternativas que no cuenten con una construcción en vertical. La propuesta de la Torre Biónica de Rosa Cervera y Javier Gómez Pioz sería un ejemplo de cómo solucionar el problema ante este recurso de manera que un megaedificio de un diámetro exorbitante a día de hoy serviría para alojar a la mayoría de la población, y no existiría un mapa horizontal de ultramarinos, cines, deportivos, viviendas y despachos, sino una construcción de aros concéntricos que formarían pisos en los que todas las necesidades se verían solucionadas, de manera que no sería casi necesario salir al exterior para poder vivir. Llegando a este punto ya tenemos el recurso escaso y el aprovechamiento de este para ubicar a todos en el mismo lugar, pero retomando la idea de colonia quien nos dice que esto provocaría una interrelación de clase, quien dice que sea necesario.

El hecho de construir una torre biónica nos aportaría que en el mismo eje vertical convivirían las cajeras del super de clase media, los trabajadores de buffets de clase alta y un enjambre de clases derivadas de estas dos, pero nada nos promete que ellos se relacionarían entre si, para su relación debemos de “forzar”  que tengan un contacto asiduo en sus quehaceres. Lo más lógico es pensar que se subdividirán por plantas las  clases generando barrios en forma de discos más o menos anchos, pero si cuentan con un único centro comercial, con un único gimnasio indiferentemente de la clase todos irán a comprar y a hacer deporte y aunque no integren una rutina absoluta si que se relacionarán a través del consumo, formarán parte de un mismo escenario y se dará lugar para la interrelación, todo ello no pasará si se diversifica el producto, si se generan dos o tres precios asociados a los establecimientos y con ello al prestigio, a la calidad o al ahorro, si hay varias escuelas, varios centros de peluquería, así ya no serán las gamas de producto de un super lo que los hará diferentes sino la diversificación de establecimiento lo que los ubicará en distintos lugares, ya que estos acabarían agrupándose por plantas, formando nuestros presentes barrios no interrelacionados. Con lo cual las distribuidoras de productos y en consecuencia la diversificación de producto que se acompaña de un punto de venta impide los vínculos entre las distintas clases, con lo que la proliferación del consumo y en su consecuencia las estrategias marketinianas de gamas y series deluxe, gourmet o ahorro condenan al humano al nuevo sistema de castas provocado por el consumo.

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