¿Dónde estarán los niños con tres ojos?

En el cuadrilátero de la venganza el ser humano le arrebata a su especie alimentos, medidas higiénicas y valores, un Adán descarriado hace malabares con la palabrería de Goebbles y alimenta a un sediento ejército sin razón de ser, allí una pirámide de Maslow nace combatiendo al frío, a Marthin Luther King y a Gandhi, generando una Al Qaeda al atacar el centro neurálgico de Norteamérica por el propio Bush, siervos zombis desnutridos que ansían al demonio, tanto como un buen dogma, para así acunarse todos bajo la protección de un sistema de pensiones raquítico, de falsos sueños que alimentan el consumo, de bancos y policía que son una raza a parte, para vivir liderados por no se sabe bien quien, adorando a la penicilina, a la tecnología y a los líderes de audiencia, mientras vendemos el alma y prostituimos la mente, a cambio de acuñaciones de metal barato al que le damos un valor incalculable, bebemos sorbos de felicidad en cápsulas, nos drogamos con panfletos mal redactados y dejamos que las máquinas y el alud que es la historia decida por nosotros. Creemos que prótesis, drogas y partes del cuerpo de otros seres nos salvarán de la catástrofe, pensamos en construir, o que alguien que no es yo construya, nuevas máquinas para facilitarnos tareas para así tener tiempo para acumular más dinero que fumaremos en la calle del derroche, fanfarronear ante gente que nos es indiferente, para ver como el mundo acumula seres y personas, pero nunca abriendo un espacio para la reflexión, habitáculos, cajas de zapatos donde resguardarse del ruido de lo mundano y escuchar, para habitar el silencio, la sombra y el fuego de la incomprensión, para vagar en caminos sin rumbo y sin destino y ser en ese preciso momento algo más que un mono, que una yegua o un delfín, activar la conciencia negar todo lo que leemos, lo que nuestros sentidos captan, persianas en las que enrollarnos para permanecer ajeno a todo y construir con nuestro aliento y barro una nueva ironía que llamaremos vida, así nutrirnos de nuestro pensar más allá del tema en que inspiramos nuestro trabajo, crear montajes efímeros donde vivamos la nostalgia, la catarsis y el amor, espacios construidos con el tiempo, con frases de libros extraídas al azar que inspiran para hablar de un dios, de un yo, de la sociedad, para quemar los libros de historia y los cohetes interestelares, un cubículo para residir en el ayer y en el mañana, para reflexionar sobre el presente, un minuto para pensar, solamente para pensar.

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