La cárcel de los sentidos

Habitados a la vista habitamos el mundo sin tacto ni olfato, miramos y cegados por la claridad de lo real nos olvidamos de nuestras dioptrías y asumimos como cierto lo que alcanza el fotograma con cristalino y pupila.

Pensamos, analizamos o deconstruimos el mundo en función a lo empírico, al recuadro subjetivo de nuestro yo sin tener en cuenta la mentira en la que nos acostumbramos: la cárcel de los sentidos.

Libres vivimos presos, sin ser víctimas de un sistema terrorista, sin ser acusados de hurto ni robo, libres vivimos aislados, falacia en la que somos víctima y verdugo, sin piernas mutiladas por la guerra, si nla escasez de las vacunas de tuberculosis en una

occidentalizada Europa, vivimos la mentira, una patraña de sobreestímulos que queman nuestras rutinas, sombras que desvanecen en nuevos focos, en LEDS y lámparas arcaicas dejando la tenue luz de las velas para sobresaturar de información visual, capando al tacto, al olfato y al sabor de su plenitud, volviendo a las cavernas del saber para parcelar nuestro conocimiento tornándonos esclavos de nuestros ojos, siendo presos de postulados en que la imagen es la solución, sin palabras, si naromas, como comida plástica, estética pero insípida, soluciones de laboratorio, sin olor, como perfumes que huelen a spot, contrastes, planossecuencia que nunca sueltan la mano a la vista.

Seducidos y absortos vivimos en nuestra prisión, ansiando ser libres con el voto, creyendo decidir las leyes que condenan a los delincuentes, privaciones sistematizadas de lo social, organizaciones que creemos integrar, poderosos e influyentes enmudecemos cuando detectan cirrosis a nuestro recién nacido, pero contamos con la ayuda para cada mal, curas para todo excepto Thanatos y para el propio humano.

 

Sociedades con castigos exorbitantes, insignificantes y absolutos, condenadas por si mismas a la extinción se autocondenan a explorar la tierrra en su plenitud, un camino hacia lo incomprensible de la metáfora reducida a al logo, de la historia hecha película, del amor convertido en el afecto de uan caricia, condenándonos a la muerte de los sentidos.

Al oír escucho y siento el frío, el sabor a metal, la brisa pasar entre las cortinas, al tocar construyo la imagen que no veo, mas si veo lo que debo tocar, oír y lamer no se que ver cuando se me reseca la boca en la larga espera al día del juicio final y una metamorfosis amorfa deconstruye lo real para convertirlo en aquello que ven mis ojos y así construir los cimientos de mi propia cárcel, la cárcel de los sentidos.

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