Bastardo este hijo nuestro

Malcriada la sangre de nuestra sangre, hijos de barro y agua, pan y vino de hombre, hombres y mujeres, hijos, nuestra descendencia infinita, generación tras generación perversa a medida que se aleja del origen, malcriada nuestra criatura, pérfida y omnipresente. Bastardo es el hijo, nonato predilecto llamado lenguaje, hijo de los hombres y las mujeres, acunado en nuestras bocas y gargantas para censurar al propio censor y vivir prisioneros en esa antisimbiosis ruin que controla el qué, el cómo, el quién, al orador, al estremecimiento y al recién nacido, hermano y padre también del lenguaje.

Expulsado del vientre a tal criatura, se desprende del útero mate-paterno y poliniza el aire, en un suspiro achaca a tocayos humanos para condenarlos a vivir en paz y armonía hasta el fin de los siglos, como un alud vírico afectando a la humanidad por completo los condena a la palabra. Retoños adaptados al medio o destrozándolo, obligando a árboles, cordilleras y costas a adaptarse a él, crecen y un sistema fónico se aleja de lo gutural refinándose en grafías primitivas, en la piedra roseta, al latín prostituyendo en los años por idiomas de los salvajes, acuñando extranjerismos como herederos de sangre azulada, acortando en siglas y sistema consonántico un lenguaje sms que ya no es cárcel sino tortura. Ajeno a tanto escudriñar está el político, el periodista y el comercial seduciendo con aliteraciones y paranomasias al personal, presos que creen tener el juego de llaves de las celdas en los bolsillos y confunden al débil y al frágil, para alimentar su figura y controlar en un jaque eterno al resto de las fichas. En un enroque mueven su torre jugando con su puesto de agente público determinando el significado de las palabras, pocas tan cuidadas como el vocablo terrorismo.

Antítesis de paz, alteración de orden público, privación de la vida, la vivencia con miedo, el antipatriota, hacer tambalear una estructura de poder, pensadores contrarios a un régimen ramas y raíces de significados de una única palabra que tambalean la opinión pública, el cuidado de las formas para connotar un qué, o un qué connotado y travestido en satán o Sadan. Terrorista es el judío de 1942, el palestino de 2006, la madre o abuela argentina, japoneses fanáticos a modo de verdad suprema, nuestra ETA, las Brigadas Rojas, un pirado noruego que jugaba a Call of Duty, es aquello que quien habla dice, es la no convención de un nombre para empezar un punto de partida, quizás será la meta del propio terrorismo. Delimitar un borrón en una pizarra global es un terreno embarazoso, ya parido el lenguaje no pretendo hacer otra criatura similar así que definir es una línea a perfilar.

Buscaré en el lenguaje expresiones para definir y delimitar, así al final hablar de barbas y turbantes de Al-Qaeda, cultura o diferencia de un mundo occidental analfabeto, cajas torácicas argentinas que congelan pleura, odio e impotencia acusados de deshonrar a su país. Buscaré.

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