Próximo Heroe: un servidor

La verdad es que empecé a ver Lost para convertirme en superhéroe y como no le veía salida decidí hacerlo para mejorar mi inglés y entretenerme en las noches fuera de casa, un hábito que se fue trasladando en el tiempo y en el espacio. No se si aprendí poco más que lo que ya sabía, aunque lo que si logré fue leer más rápido, sentirme aunado con medio mundo, posteriormente, por un grupo o mil de facebook, y asimilar el verbo fix para sus múltiples acepciones. Después de que dijese igual reparar un transmisor que curar una cicatriz, quizás las extravagancias de los guionistas no me parecían tan raras y continuaba viendo con emoción la serie, esperando que todo no fuese un sueño de Hurley, ya que si hubiese sido así más de un fan se hubiera convertido en terrorista.

Mientras el mundo se globalizaba de manera online para seguir la cuarta temporada di un salto en el tiempo, volví a Barcelona y dejé estancada la isla en la botella en la que aún no había descubierto que estaba, mientras la ABC (American Broadcasting Company) explotaba cada giro de guión para promocionarse en foros, para hacer del boca-oreja un spam tecleado-pantalla que le produciría una publicity-dominó que iría fidelizando cada vez más a sus seguidores, sin olvidar muñecos, tazas, teteras y demás parte del ajuar. Como buen seguidor amaba el logo de Dharma y me hubiese comprado una camiseta creyéndome ser fan y no pensando en que sigo al primo-hermano de Cocacola, o tal vez una taza de Hurley o del entrañable y desaparecido Charlie.

Recuperé la serie en otra estancia fuera de la ciudad condal, retomando cada hilo argumentativo como una endiosada Biblia en celuloide, perseguía el bien y el mal, la moral, la ciencia y la fe, las castas y la propiedad, hasta que el espacio-tiempo me atacó y aceleró la intensidad de lo que prometía llegar a sus últimos días. Apareció Daniel Faraday y retomé una extraña preocupación por la conexión de los nombres de los personajes con la realidad y los mitos pero buscando esa salvación que ofrece Sálvame o un Barça-Madrid y así olvidar la crisis de valores, el desnutrimiento somalí o la deforestación de casas cuartel en Alabama e incluso mis propias preocupaciones. Como buen seguidor del Corán rezaba una vez al día, no tres, siempre los débiles acabamos comiendo cerdo o echándole un trago al ron, pero seguía con mi rosario, mi menorá o haciendo ofrendas a Shiva, confundiendo a Jacob por Abraham, haciendo cábalas como buen judío fermentaba teorías cósmicas del universo, pensaba en la creación, en la maldad del poder, en las consecuencias de nuestras acciones hasta que llegó el final. Una muerte anunciada, una esquela en la que no sabía que iba a esculpir pero que encontraría lágrimas tiñendo de negro una era.

Acabó, Jack cerró su ojo y pasó a formar parte del imaginario colectivo global de una generación, tal vez como Espinete, tal vez como Mussolini, pero se me escapaba entre los dedos la música de Drive Shaft, quería atrapar entre las manos el negro humo que despertaba Samuel, pero Jacob no me dejó y todos se fueron a vivir en el limbo de mi conciencia por tiempo.

Una historia sencilla, la ley de la vida, un simple argumento tan flexible como de dinero se disponga, pero que mientras se desconoce el final te atrapa, entreteje en ti una unión embriomática, que te absorbe y alimenta. Una vía para coser historias, alterar el tiempo, introducir un periodo glaciar, tanto como los guionistas sean capaces de crear, claro está de acuerdo a no cerrar otras vías, posibles finales en los que el curso dramático continúe teniendo coherencia. Osadía o ignorancia por como iba a continuar los guionistas negaron el propio final en alguna entrevista, tal vez buscando una alternativa que al irse tanto de las manos fue imposible de encontrar.

El país de las siglas vio el éxito del gozo, rebentando índices de audiencia, vendiendo merchandising, proyectando la imagen americana a través de otro tipo de celuloide, esta vez digital, el mismo factor que da la mano para que cierren portales gratuitos en España. La envidia de cualquier competidor, pecado capital que alimenta y engorda nuestra rabia, era sufrido por la NBC que vio ya a medio camino de los perdidos su foco con Tim Kring, dos años después de la aparición de la extraña isla, ya en su tercer volúmen, atacaron con sus superpoderes. Pese al éxito de la familia Petreli, a la que le abrimos las puertas de nuestro hogar (14’3 millones de audiencia en EEUU), no llegaron a fidelizar a todos sus clientes, tal vez por buscar otro Dios, esta vez en la génetica, o por la huelga de directores del 2007, pero en el intento de consolidar los superpoderes como su imagen de marca, perdieron la guerra confundiéndonos entre villanos y héroes. Nos hicieron leer el nuevo testamento mientras no habíamos dejado de hojear el viejo, y buscamos una renovación en el posterior, sin embargo pese a la lectura, olvidamos las lecciones de Peter y Sylar, por enredar la destrucción del mundo de una forma constante con la familia. Intuíamos el final, o algo que podría pasar, un esquema de muerte y salvación, la angustia de ver a Abraham a punto de matar a Isaac, pero con la aparición estelar de Dios, así salvar su alma y su hijo. Atrapados en Manhattan o Méjico costaba introducir a Samuel, y lo hicieron para ya derrumbar el muro realístico, esa gente ordinaria con poderes extraordinarios de la que habla Kring, que vimos crecer en nuestras pupilas, viéndolos como un posible reflejo nuestro, humanos evolucionados genéticamente que compran el pan, van a clase o trabajan en urgencias, con vicios y culpas, pero que capítulo a capítulo dejan su vida humana y la cambian por salvar el mundo, por matar a Sylar, por descubrir una verdad que parece estar encriptada en fenicio. Este principio de híbrido acaba por convertirse en algo ajeno a nosotros como telespectadores, ya no nos sentimos tanto en la piel de Peter o de Ando, y las peripecias de los argumentos pierden unidad a lo largo del tiempo.

El éxito de Lost quiso ser alcanzado con Heroes, pero el abanico de posibilidades que ofrecía una se quedo corto con la naturaleza de los personajes de la segunda, la ABC se marcó un tanto, un antes y un después en el concepto serie, en el starsystem, en la globalización de los productos audiovisuales, y en esta carrera por el prime time, los índices de audiencia y un ROI imposible de reflejar con sondeos y audímetros, se reforzó por la versión online, de menos calidad pero de con mayor efecto adictivo que el método offline.

 

Hago inmensas referencias y explicaciones de Lost porque creo en ella la causante de Heroes, mi propia experiencia me llevó de la una a la otra por hacer zaping tal vez. Un referente que fue padre y hermano, ambos con un elenco de actores y actrices numerosos, los cuales se pasaban el protagonismo de una forma coral, a Jack o a Claire Benet les costaba más deshacerse de él. Por mucha insistencia de Tim Kring de tener en mente renovar a los actores, el dólar manda y lo que podría haber sido la diferencia entre ambas, las volvió a unir, pero sigo sin entender porque murió Boone, Ana Lucía e Isaak. Hablan de moral pretendían construir su libro sagrado, uno basados en la espiritualidad otros en la ciencia, pero siempre atentos para dar lecciones a los espectadores, aunque se guiarán además por tendencias del New Age, el misticismo asiático, apropiándose de parte de un logo o utilizar el sánscrito para ponerle el nombre a un virus. Comparten como buena familia la sobremesa, una segunda temporada en que amplían el abanico de los protagonistas, por los muertos y para dar más juego, historias del bien y el mal, pero que como ya he dicho pierde en Heroes al paso del tiempo.

Seguramente me deje por el camino motivos, reflexiones y referencias, pero en el vasto proceso de la relectura en mi memoria, en algún foro y en la magnífica wikipedia pierdo o cojo atajos, y me saturo al condensarlo en una entrada. Añadamos que soy seguidor, no un fan.

Tras esta larga reflexión retomo el tema principal, la intro, esa especie de leitmotiv o imágen de marca que las determina. Tras exponer mi idea en público me planteé si verdaderamente Lost se perdía con su encabezamiento y si Heroes no estaba mejor de lo que pensaba.


La incertidumbre me abriga, el título puede ser la certeza o la excusa de todo lo que se produce a continuación, si bien sirve para poder crear sin perder la coherencia, también es el briefing en blanco que les dan a los creadores. ¿Es adecuado o no construir irrealidades con un argumento tan facilitador? Fue usado un sueño para los Serrano, que también ampara cualquier giro, éstos sin embargo no dislocaron el espacio, sino se ceñían a hablar de lo cotidiano. En definitiva, es la excusa facilona pero que abriga, haga sol o haga frío.

Vuelvo a ver desde el espacio la tierra y como el sol girando en torno a ella me guiña un ojo, me mira el cosmos, ese Dios profeta que es la ciencia. Retomemos el recurso, hablemos del universo el que posibilita nuestra existencia, el que decide y determina que ese eclipse sea el que active los poderes, en un principio alteraciones genéticas. El cosmos y su energía propicia la vida y la muerte una regeneración infinita, en ella una evolución de ameba a pez, de león a humano, estancados en lo que creemos el final del proceso Suresh padre estudia un cambio, alteraciones genéticas, errores en el ADN, que se convierten en un valor añadido en el camino hacia una especie en la que podríamos encontrar a Superman, esta vez sin criptonita. Llegado a este punto, el cosmos crea y muere, provoca el eclipse y en esa pupila que es la tierra hace florecer la esperanza de no quedar atrapados en la condición de humano. En relación al genóma aparece la figura de la Hélice, elemento con puntos para substituir al eclipse, que aparece, tan solo, a lo largo de la primera y segunda temporada. Pasan los meses, Nikki muere y Tracy Strauss aparece y con ella la mano del humano pretendiendo ser Dios. Descubrimos que se puede alterar genéticamente al ser humano para obtener superpoderes, le pasó a Mohinder y también a Nathan, con lo que nos hace cuestionarnos si la parafarmacia da resultados o el humano se baso en una copia de él mismo. Adam Monroe nos descubre que los poderes se remontan como mínimo al Japón feudal, lo cual hace inviable la idea de que sólo sea cuestión de ciencia y lo que le da a la hélice más puntos en convertirse en emblema de la serie, pese a ello no se investiga demasiado y pierde valor en las últimas temporadas que se centran más en la relación humanos vs superheroes. Continuaré indagando y viajando en el espacio tiempo, regenerándome y hablando con máquinas a ver si Sylar me desvela algo.

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